Chile es como la película. Tiene lo bueno, lo malo y lo feo. Lo bueno son: paisajes majestuosos, diversidad, riqueza en recursos, agradable clima en gran parte del territorio, política transparente, buena preparación para desastres naturales y excelente cuidado médico en Santiago. El chileno es muy amable—excepto cuando está manejando o comprando algo en supermercado. Es feliz y disfruta mucho la vida. Recibe bien al inmigrante, particularmente a los gringos y su ética de trabajo. Chile es un imán porque tiene fuertes derechos de propiedad, bajos impuestos y poca corrupción.

Lo feo es que muchos viven para sacar provecho y engañar. A menudo se ven cosas mediocres: chuecas, hechas a medias, mal terminadas. No es necesario perfeccionarse, ni valioso hacer bien el trabajo. Es mucho mejor esperar que otros trabajen duro, mientras alguno disfruta los beneficios de ello. Hacer trampa es una virtud en universidades, negocios, matrimonio, política, fe. Las iglesias evangélicas mayormente crecieron porque los gringos pusieron la plata, el templo, los sueldos. El típico chileno quiere que otros den a las causas, y no él. No hay confianza entre dos, incluso en acuerdos legalizados. No obstante, en las épocas de elecciones todos creen las promesas de candidatos, aunque saben que rara vez sus programas e intervencionismo solucionan problemas.

Finalmente tenemos lo malo: algunas universidades privadas. Los profesores de éstas a menudo enseñan “al perfil” de alumno mediocre. Los edificios son maravillosos, pero dentro se encuentra pobreza académica en las aulas y la investigación prácticamente no existe. Los alumnos no leen mucho, jamás han redactado un paper académico de investigación y su aprendizaje es superficial. Rara vez piensan. ¿Realmente se forma egresados aptos? Tal vez no, pero no importa. Lo que interesa es tomar el dinero de los padres.

Hay una alternativa a la universidad privada convencional. Se llama e-learning. Es más eficiente y más barata. Los estándares están fijados por universidades internacionales y el alumno conectado a internet, tiene que leer, escribir y pensar como estudiantes en Dinamarca o Canadá. Hay pocas posibilidades de hacer trampa. El que no lo hace bien, no aprueba. Si los chilenos no pueden disciplinarse entre sí, mejor tener tutores foráneos.

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