Hemos escuchado muchas críticas de la espantosa realidad generada por malas políticas del Congreso Nacional y la Presidenta. Son verdaderas. Las reformas tributaria y educacional son dañinas tonteras que han repulsado inversión extranjera, además de aumentar la inflación y el desempleo. Por eso, hemos visto una baja en la actividad de construcción nueva, entre otros sectores. El chileno debería haber aprendido que la reputación importa y que la prosperidad chilena depende más del mercado exterior que el interior.

No obstante, en la construcción podemos ver que la demanda sigue aumentando. Este hecho no es solamente porque los keynesianos del Banco Central están bajando las tasas, aumentando la demanda doméstica, sino también porque Chile todavía es relativamente atractivo como país OCDE comparado con los desastrosos paraísos intervencionistas al norte del Trópico de Cáncer, Brasil y Argentina. Por eso, hay mucha demanda inmobiliaria de extranjeros ABC1 que quieren radicarse en Chile. Testigo de esta verdad es el aumento masivo de solicitudes de residencia en el Ministerio de Relaciones Exteriores. Aunque sea malo y cada vez peor bajo Bachelet, Chile aún es mucho mejor que otros países.

La demanda inmobiliaria para oficinas sigue bajando debido al miedo que provocan políticas estúpidas, pero las características de demanda macroeconómica sugieren que la demanda personal para casas y departamentos en Santiago noreste y Viña del Mar—los lugares más deseables para vivir—seguirá en aumento. Los sabios deberían reconocer que el impacto de la fuga foránea a nuestro pequeño país no es trivial, ni tampoco habrá una razón para disminuirse. A pesar de toda la maldad cotidiana en Chile hoy, hay un “silver lining” (rayo de luz) en el sector inmobiliario por lo menos. Una vez más los extranjeros nos van a salvar de las consecuencias de nuestras necedades.

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