Algunas personas rebaten la lamentable verdad que las guerras y conquistas reasignan los derechos de propiedad, como por ejemplo en los casos mapuche y boliviano. Dicen que la idea es mero colonialismo y algo obsoleto. Lo que no ven es que en realidad los bienes raíces del mundo aún están bajo un sistema esencialmente feudal. Hay un señor, típicamente el Estado, que es el real dueño de todos los bienes raíces en su reino. Los tiene en forma alodial, es decir en forma soberana y absoluta, sin obligación de rendir tributo a alguien por el privilegio de uso y posesión, ni tampoco de cumplir con reglas. Al revés, el Estado establece las normas y recolecta las “contribuciones” (un impuesto feudal), y exige con fuerza cumplir al siervo, so pena de perder el bien raíz. El Estado alodial, con verdaderos y absolutos derechos de bienes raíces, es distinto del ciudadano “propietario” que es un siervo que mantiene el privilegio (no derecho) de usar y poseer propiedades—sólo si es obediente.

De vez en cuando los Estados alodiales luchan entre ellos y el Estado victorioso, muchas veces asume como dueño de los terrenos del perdedor. La historia del mundo se arma mayormente de cuentos belicosos—además de algunos diplomáticos, judiciales o económicos—de distintos reinos competiendo por soberanía sobre terrenos. El caso de Chile no es distinto; ha sido victorioso sobre España, Bolivia, Perú e indígenas, y ha perdido parte de la Patagonia frente a Argentina.  Con los cambios de señores y dueños alodiales, hubo también cambios de regulaciones, tasaciones y contribuciones—según el nivel socioeconómico de los siervos o el carácter del terreno: si sea rural, agrícola, distante, remoto, urbano, con mal clima, peligroso, etc. Pero no hay ninguna duda que la naturaleza del “dueño” hoy sigue siendo feudal, y que no hay reclamo “justo” contra el usurpador. Los chilenos ganaron a los españoles, que a su vez ganaron a los mapuches, quienes antes habían ganado a otras tribus. Lo mismo los bolivianos que expulsaron a los españoles, que primero dominaron a los incas, quienes habían aplastado a otra gente. La cadena de dueño de propiedad está repleta de actos belicosos. Últimamente, no vivimos en un mundo de justicia propietaria, sino sometidos a soberanos, si sean democráticamente elegidos o no.

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