superar las penas de amor parece ser una cuestión muy difícil de resolver, ya que las redes sociales se encargan de hacer creer que las demás personas son inmensamente felices, luego cuando le echamos un vistazo a las estadísticas,  constatamos que Chile no es precisamente un país donde las personas lo pasen tan bien. Es verdaderamente alarmante cómo nos enteramos por la prensa de los suicidios adolescentes, algunos de ellos con ningún indicio de que se avecina una  tragedia. En la semana, se ahorcó una niña de cuarto medio, hija única, de padres divorciados, y aparentemente,  su decisión obedecería a una desilusión amorosa, y digo aparentemente, porque cuando una persona decide terminar con su vida es porque hay una suma de causalidades,  y una de ellas  es la que gatilla la decisión final.Es  en esta época del año cuando muchos jóvenes sienten que están defraudando a sus padres por su  rendimiento escolar, porque sus expectativas  distan mucho de la realidad, se sienten atrapados, desorientados  y  deciden tomar la drástica decisión de matarse, pero sin duda que  esto está relacionado con desórdenes afectivos de orden nuclear, a la falta de redes lo suficientemente contenedoras, a la soledad interna, a la falta de recursos personales para dar vuelta situaciones complicadas, a la confusión sobre lo que realmente son, quieren y sienten…Antes el aislamiento era un síntoma de que algo estaba ocurriendo en un adolescente, hoy, la extroversión social también lo es, dejando en jaque a varias teorías que apuntan a un perfil suicida basado en la introversión .Algunos jóvenes, influidos por los paradigmas sociales de este siglo, son tremendamente egoístas y sólo les alcanza su mirada para ver lo que les sucede a ellos, sin importar lo que le pase al resto de su núcleo familiar. Desde esa óptica la relación que tienen con la vida y la muerte es muy diferente a la que tenemos nosotros, y logran justificar al suicida con mucha propiedad. Muchos jóvenes  no están ejerciendo su  derecho a vivir bien, hay una renuncia voluntaria a la vida en familia, a sentir que su hogar no es una pensión , a las demostraciones de afecto, a las conversaciones cara a cara, a los abrazos, a compartir una película, a visitar a los familiares, a disfrutar  de  un momento de ocio; y por el contrario, hay una tendencia al aislamiento, a la hipocondría,  a la sobreconexión, al animalismo, a los emoticones en reemplazo de las palabras, a los medicamentos como sustitutos de la fe, a la violencia como una forma de vivir lo cotidiano… al desapego como una forma de protección.Los adultos tenemos una difícil tarea… reencantarnos para reencantar a quienes piensan que la vida es así y que no hay nada más qué hacer. 

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