Me dice que hoy vivimos en el imperio de lo efímero. Ello porque la sociedad  no está dirigida por fuentes de inspiración importantes,  sino únicamente por la moda, la que crea todo un estilo de vivir en la movilidad y cambio permanente: se cambia de barrio, de televisor, de lavadora, de auto, de pareja, de nombre, de sexo,  de modo de andar e incluso de pensar, tal como quien se cambia de ropa…Todo es efímero, móvil, inestable, inconsistente y frívolo, lo inmediato prevalece sobre lo permanente, las grandes causas ya no interesan sino sólo las pasajeras… Las ideologías filosóficas, políticas o religiosas, son reemplazadas fácilmente por nimiedades sin mayores complicaciones intelectuales, como el fanatismo deportivo, por ejemplo…La cultura moderna se ha convertido así en una “cultura de la intrascendencia”.Ahora bien. No es fácil vivir ese vacío mental que deja la superficialidad de la sociedad, sin vida interior, sin metas y sin sentido, entonces hay que buscar algo que llene ese vacío…Allí surge la cultura del ruido… El ruido se ha apoderado de las calles, los ambientes, las mentes e incluso algunos cerebros, o lo que queda de ellos.Hay ruido que contamina el espacio generando estrés, tensión y nerviosismo, ese es un ruido que es parte integrante de la vida actual. Pero hay en la sociedad moderna otro ruido que algunos buscan,  porque la persona superficial no soporta el silencio…Por eso mismo es que ya no podemos ir  a escuchar el  mar  o a sentir el ruido del silencio, porque en la playa tenemos que soportar batucadas,  bailes nortinos, motos, vendedores de helados, cuchuflíes y pan de huevo, a cuanto seudo artista se le ocurra poner un parlante y, por supuesto, los infaltables sones tropicales por los altoparlantes…Alejandro Dumas decía que los cántaros, cuando más vacíos, más ruido hacen…Y ello no es casualidad…

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