La ciudad bella de los campanarios languidece y se aleja cada vez más de lo que pudo ser.
 No hay nada más cómodo y placentero que quedarse entre las sábanas adormilado, sin embargo, se corre el riesgo de caer en una modorra inactiva que no rinde frutos a nadie. Nuestra querida ciudad de La Serena parece estar en este estado.
Si bien es cierto que algunos proyectos dan cuenta de atisbos de progreso, la antigua ciudad colonial trascurre con un paso tan cansino que aburre. Se ha quedado en las reminiscencias del pasado e incluso ha ido perdiendo algunas de sus características singulares.
El Plan Serena del Presidente González Videla de la década de 1940 y comienzos del 1950, no ha tenido una prolongación de esa altura. La linda ciudad con atributos únicos, envidia de las restantes ciudades del país, hoy día vegeta sin aspiraciones y con una  habitabilidad no mejor que en 1990.
Clara evidencia es la pérdida de cinco puestos en la reciente encuesta nacional de calidad de vida. ¡¡¡Y nadie ha reaccionado!!! Ya es hora de despertar.
 Todos. Mujeres y hombres serenenses; empresarios y asociaciones de fomento productivo; profesionales, técnicos y estudiantes; trabajadores de todas las ramas; organizaciones comunitarias y clubes deportivos, en fin, el colectivo completo está llamado a dibujar la ciudad que queremos.
Primera y particular responsabilidad cabe a las autoridades comunales encargadas por la ciudadanía justamente para eso: conducir a la ciudad y sus fuerzas vivas a un proceso  de progreso y adelanto permanentes con creatividad y visión de futuro. Tenemos que combatir el conformismo y la abulia tan típica de nuestro modo de ser y atrevernos a aspirar a más.
Los líderes elegidos por la comunidad deben marcar los derroteros que guíen este nuevo desafío.
¡¡Lancemos nuestra ciudad al futuro levantando un Plan Serena II que sea la carta de navegación para desarrollar  La Serena ideal para nuestros hijos y nietos!! 

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