En la actualidad no nos hemos preocupado de cómo las groserías, el mal vocabulario, afecta a los niños y niñas de nuestro país. Siendo la comunicación verbal la herramienta utilizada por ellos y ellas diariamente, en donde pueden producir violencia verbal al momento de establecer diálogos. ¿Es una humorada enseñarles a nuestros niños y niñas el lenguaje obsceno?, ¿Por qué cada vez que un niño repite un garabato el adulto presente tiende a reírse?, ¿Cómo un niño o niña enfrentará una situación en la cual una autoridad lo está agrediendo verbalmente por cometer un error o por el simple hecho de no tener conocimiento sobre un tema? ¿Cómo este niño o niña podrá el día de mañana tomar iniciativa y enfrentar nuevas experiencias que sean enriquecedoras para ellos o ellas? ¿Este acto afectará en el desarrollo psicosocial de él o ella?

En el texto, “Conceptos de violencia doméstica y sus clases, Chile y Derecho comparado” de la biblioteca del congreso nacional, se especifica que la violencia intrafamiliar  corresponde a todo maltrato que afecte a la vida o la integridad física o psíquica de la víctima; es decir,  perjuicios a la salud psicológica, por medio de menoscabar, degradar controlar a la víctima utilizando intimidación, manipulación, amenazas, humillación, aislamiento.  Mediante este artículo podemos percatarnos que en la mayoría de las familias se visualiza un contexto de violencia intrafamiliar producto de la normalización de la mala verbalización al momento de dirigirse a los más pequeños del núcleo familiar.

Normalizar la violencia verbal puede promover la violencia física en un niño o niña  ya que se encuentran en un proceso de aprendizaje continuo, en el cual, las acciones realizadas en su entorno las adquieren y realizan en su cotidianidad.  Como menciona Erikson en su teoría del desarrollo psicosocial, la cual está dividida en diversas etapas, los niños y niñas de  3 a 6 años de vida, se encuentran el proceso de iniciativa y culpa en donde ellos y ellas crean sus propias metas, pero al momento de no alcanzar ésta, erradamente el adulto le manifiesta esta situación al niño o niña de forma agresiva verbalmente. Son estas las situaciones, las cuales han sido normalizadas en nuestra sociedad las que a nosotras nos han llamado la atención.

La falta de comunicación ha aumentado en los últimos tiempos, ya que hoy se ha planteado una visión social basada en el adulto centrismo en la cual los niños y niñas se han desplazado desde una concepción de que ellos y ellas son el centro del núcleo familiar a ser considerados como una “molestia” para el desarrollo de la vida de sus familia y es en este momento cuando uno escucha el simple “déjate de hueb***” unas palabras tan insignificantes pero que han permitido la normalización de la violencia verbal. Este acto afecta el desarrollo personal del niño o niña en cuestión ya que al momento de relacionarse con sus grupos de amistades replicará estas actitudes lo cual promoverá que se cree un ambiente hostil. Establecer diálogos entre los distintos contextos en los que se encuentran diariamente los niños y niñas, es primordial para estar enterados de su vocabulario y el buen uso de éste. Como plantea Muñoz, A. en el texto, “La Familia como contexto de desarrollo infantil”, es importante que por ejemplo, el contexto escolar y el familiar tengan un lenguaje adecuado ya que lo que escucha el niño o niña en uno de ellos lo puede replicar en el otro. También existen contextos donde los niños y niñas se encuentran ocupando un aparato tecnológico sin supervisión y es ahí donde también escuchan palabras no adecuadas y las pueden replicar en algún otro contexto. 

Finalmente creemos que el mal uso del vocabulario repercute en el desarrollo diario de los infantes, porque la comunicación es un elemento esencial para las interacciones psicosociales y puede generar consecuencias en el futuro de los niños y niñas. 

Como Educadoras en formación es primordial utilizar un lenguaje adecuado debido a que los niños y niñas nos verán como un ejemplo y muchas veces repetirán nuestras propias palabras.

Autor

Imagen de Bárbara Figueroa y Claudia Poblete
Estudiantes de Pedagogía en Educación de Párvulos.

 

 

 

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