Quién lo diría, pero como callar o ser parte de tanta absurdidad que pasa por nuestros ojos. Y no es que quiera pasar por un mal pesimista, pero ya basta de tanta falta de visión común.

Este año la educación chilena pasa por una de las crisis más complejas, que ni siquiera la reforma iniciada en los noventa supuso tanto mal errante. El daño causado tendrá un costo social mayor que el Transantiago.  Y la famosa desmunicipalización, la ley de inclusión y el nuevo sistema de ingreso a las escuelas y liceos terminarán sepultando las presuntas buenas intenciones del estado por brindar calidad y equidad.

 Lo más probable es que esta hipótesis  supondrá feroces juicios por aquellos impulsores de tanta barbaridad, por lo que aquí les demuestro con mínimas pruebas el daño causado, y que por lo que observo, tendrán que pasar varias generaciones para solucionar lo que nos han hecho como sociedad.

El año académico esta recién comenzando, pero apuesto una coca-cola que la matrícula de las escuelas ubicadas en contextos de alta vulnerabilidad disminuyó considerablemente con el nuevo sistema de postulación y por lo tanto las horas de los docentes se verán afectadas. De seguro los cargos de los nuevos “gerentes” de las agencias locales fueron designados a dedo (ADP) por el gobierno saliente, así que tendremos que lidiar por un año con los mismos ideólogos de la barbaridad antes mencionada. Esto sería como mandar a Bachelet a dirigir el transantiago… así de irrisoria es la situación. Por ejemplo,  cerca de catorce familias (entre ellas la mía) se quedaron sin cobertura de sala cuna por el traspaso de la educación  al  servicio local en Coquimbo… y sin ningún ánimo de solución porque al parecer  las guaguas y sus madres trabajadoras no son una prioridad.

Otro de los elementos menos democráticos expuestos es la desigualdad y la discriminación arbitraria que se genera a través de la misma ley de inclusión. Ya que no aborda la dimensión de la equidad desde un cambio de paradigma. Hoy no hay ninguna infraestructura que soporte la necesidad individual. Así que a ganar fuerza para trasladar en andas a los inválidos porque los montacargas de las escuelas nunca funcionaron y no es prioridad su mantención.

Hace algunas columnas centré el desastre en la irreversible falta de visión de nuestros gobernantes,  al no ser capaz la autoridad de cambiar el modelo completo. Este maquillaje superficial abrió una herida nunca abordada y que tiene relación con la desigual sociedad construida y aprobada por todos. Porque aunque algunos sigan insistiendo con la politización del efecto a través de marchas y paros,  la herida nunca sanará con más piedras y encapuchados. Tal lucha social se hace mediante el dialogo informado. Hoy en la mañana leí un versículo que decía: “La mejor forma de llegar a provocar el cambio es mediante la persuasión, la benignidad, mansedumbre y el amor sincero ya que contra  tales cosas no hay ley”. Pero como persuadir a un absorto encapuchado que no tiene deseos de generar expectativas comunes, o como intentar llegar al corazón de un impuesto líder social que no tiene siquiera en la mira el discurso que sale de su boca. El diálogo debe ser con información, con argumentos sólidos y con vivida experiencia, ya que desde el escritorio la tarea se ve fácil. Como diría un sabio deportólogo: “Desde afuera todos son técnico”.

Esta columna apunta sobre aquellos que hoy se están repartiendo el chancho a costa de la buena fe y de las necesidades auto – impuestas por la sociedad. Estos dignos activistas del Cp que nunca han visto la miseria. Que ni en sueños desearían vivir en una población, pero que hablan con tanta liviandad del pueblo y para el pueblo. Que no tienen ningún escrúpulo en recibir un sueldo insultante a la clase trabajadora, pero que revisten de ello para garantizar su propio beneficio. Y aclaro que tienen todo el derecho a trabajar y seguir sus ideales, pero con algo de consecuencia.

Hoy los servicios de educación y otros servicios públicos están liderados y  llenos de avaros socios del club de Alí Baba, que no les interesa en absoluto que la sociedad avance en reales derechos. Pero nuevamente recalco, la culpa no es tan solo de ellos, ya que se sirven de un sistema que nos guste o no les da los réditos ya suciamente planificados.

Espero que las cosas mejoren y que sean como deben ser, pero de la forma que hoy se manejan será difícil si hacemos caso omiso.  Permítanme el escepticismo y la desconfianza propia de ver como el tiempo pasa y las cosas no mejoran.

 

“Un vaso medio vacío es también uno medio lleno, pero una mentira a medias, de ningún modo es una media verdad”.

 

Jean Cocteau

 

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