Como muchos otros chilenos, me acostumbré a ver las derrotas de nuestra selección de fútbol, a saber que ir a un Mundial era una casualidad, como una especie de maldición.Felizmente, las cosas cambiaron y esta última década nos hemos acostumbrado a las victorias: ir al Mundial es una costumbre, nuestros mejores futbolistas juegan en las grandes ligas europeas, ganamos dos Copas América, y tantos otros privilegios que nos ha dado con generosidad la llamada “generación dorada”.Sin embargo, estas clasificatorias han sido distintas y nuevamente estamos luchando contra las matemáticas y no sólo en la cancha: errores puntuales, partidos para el olvido o la falta de recambio generacional han impedido una clasificación más holgada. Ahora vivimos un momento crucial: el martes próximo, frente a Brasil y en ese país, Chile podrá estar clasificado para Rusia 2018 o bien sabremos que ha quedado fuera del Mundial. Existe, sabemos, una tercera posibilidad: El repechaje. El tema de fondo, en lo cultural, no en el futbolístico, es el cambio radical que se ha producido en la actitud y en la experiencia de los chilenos. La costumbre de la derrota hace décadas ha cambiado por las victorias repetidas, y eso tiene consecuencias: la apariencia de que las cosas son más fáciles de lo que en realidad son y una sociedad menos tolerante a las frustraciones. No se trata de volver a los días de las victorias morales o las derrotas con largas explicaciones: la actitud positiva, el juego al ataque, mejorar el deporte nacional, contar con buenos jugadores es algo bueno y debiera replicarse en muchas áreas de la vida nacional. La preocupación no está ahí.El problema, según me parece, puede tener algunas connotaciones laterales que se han dejado pasar en los últimos años y que deberán ser mirados con atención, cualquiera sea el resultado final: la excesiva importancia del dinero, la tolerancia a las faltas de disciplina, el uso indebido de los recursos por parte de algunos dirigentes, la incomprensión de la urgencia de renovar los cuadros. Todo eso vale para el fútbol, pero también para la política, los negocios, la vida cultural y tantas otras actividades.Ojalá Chile clasifique y celebremos. Y ojalá aprendamos de este proceso. 

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