Miércoles 4 de abril, 2018.

                    

Hoy en día nuestro país es mirado con grandeza por parte de los vecinos Latinoamericanos, viendo un poco el contexto del continente nos da la sensación de que somos relativamente afortunados de nuestra realidad, pero entonces ¿Por qué dentro del día a día pareciera ser que cada vez nacen más dificultades y con esto el descontento social? ¿Será que el Estado no está realizando las cosas del todo correcto? Me gustaría opinar sobre aquello, pero no centrándome en los problemas, sino más bien en el valor público que la ciudadanía entrega.

Para contextualizar, digamos que valor público corresponde a la satisfacción que entregan los ciudadanos respecto de diferentes servicios, leyes, regulaciones y otras situaciones. Teniendo eso claro, me gustaría comenzar a hablar de la transparencia y la corrupción en nuestro país. Es sabido que el segundo término ha explotado de manera exponencial en los últimos años, esto a raíz de los diferentes hechos delictuales realizados por diferentes autoridades, pero me gustaría centrarme en la transparencia. ¿Sabrán muchos de los chilenos que atacan la corrupción qué es transparencia? ¿Sabrán que nuestro país está en un proceso de creación de esta? ¿Sabrán que recién en el año 2009 entró en vigor la, hasta ahora, más importante ley de transparencia del país? ¿Sabrán hacerla valer? Mis consultas no van destinadas a atacar a quienes puedan responder negativamente, sino que más bien, apuntan a, de alguna manera, incentivar al Estado a participar con la ciudadanía, a no sólo realizar las iniciativas, sino que también entregar confianza de ello a los chilenos. Gran parte de los que puedan responder negativamente a mis preguntas es muy probable que no le entreguen ningún valor a la palabra transparencia, ni a los mecanismos que existen y mucho menos a quienes sí trabajan para mejorar aquello. Cabe destacar que en ningún momento apunto a que la negativa ciudadana se genere sólo por la desinformación, sino que claramente esto es culpa de ciertos políticos que al vulnerar la confianza ciudadana también hacen sentir a estos que transgreden sus derechos.

Otro ejemplo mucho más claro es el Transantiago, el cual, es algo ya más que repetido. Es interesante cómo con el pasar de los años nada cambia, casi como si estuviera destinado a fracasar hasta el último día que esté vigente dentro de nuestro país. El valor público es indiferente a la edad de quien lo define, es el caso de carabineros, en donde es la población joven la cual no tolera su trabajo, sin embargo, son las personas mayores quienes le entregan su apoyo a carabineros, convirtiéndola así, hasta marzo del año 2017, como una de las instituciones con mejor aprobación del país con un 65% (CADEM, 2017).

En los ejemplos podemos visualizar tres situaciones, en donde la transparencia se trabaja en silencio, el Transantiago se vive día a día y carabineros se visualiza constantemente como una institución con autoridad, entonces ¿El valor lo crearemos en base a conocer lo que calificamos? ¿Será que nuestra calificación varía en la calidad? ¿O será que nos interesa la autoridad de este?

El valor público nace desde diferentes aristas, pero es claro el rol del Estado y la ciudadanía en esto, en donde bajo el trabajo conjunto podemos evidenciar un valor, indiferente de si es negativo o positivo, mucho más preciso.

Joaquín Aguilera, 22 años.

 

 

 

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