• Relatos de la historia: Cuando llegó la democracia
Hace poco más de un año, el 11 de marzo del 2015, cuando se cumplió un cuarto de siglo desde que Patricio Aylwin asumió las presidencia de la República tras 17 años de dictadura, diario El Día recordó este importante acontecimiento a nivel local. Hoy, en el día de su muerte, republicamos este reportaje, que permitió conocer un poco más de su historia vinculada a la Región de Coquimbo.

La ciudadanía ya había dado su veredicto. El 5 octubre de 1988, decidió a través de un plebiscito que el Presidente de facto Augusto Pinochet debía dejar el poder. Se realizarían elecciones. Sin embargo, aquello sólo se concretaría dos años después. No fue sino hasta el 11 de marzo de 1990 que Chile recuperó formalmente la democracia cuando el electo primer mandatario Patricio Aylwin, quien había derrotado al candidato representante de la derecha Hernán Büchi, asumía en La Moneda.

Ya han pasado 25 años y 4 días desde aquel hito, uno de los más importantes en la historia del país. Esta semana, se conmemoró nada más y nada menos que un cuarto de siglo desde que el militante democratacristiano se pusiera finalmente la banda presidencial dando término a 17 años de dictadura militar.
La memoria es frágil y no pretendemos que se rompa. Por ello, quisimos recordar el tan crucial episodio y conversamos con los propios protagonistas a nivel local, quienes ese día, situados de un lado y del otro, no quedaron indiferentes y vieron como cambiaba el curso de la historia. Algunos por fin pudieron respirar tranquilos. Y es que pese a que el “NO” había ganado, mientras Pinochet siguiera en al mando pensaban que todavía cualquier cosa podía suceder. Para otros, en tanto, simplemente se instalaba la incertidumbre.

EL DÍA D

Eran las 13:30 horas de un domingo, cuando el militante de la Democracia Cristiana, Patricio Aylwin hacía ingreso al salón de honor del Congreso Nacional, en Valparaíso.

La tensión y la expectación reinaban en todo Chile y la Región de Coquimbo no era la excepción. Había una suerte de “ansiedad”, sobre todo en la clase política, ya que al día siguiente, el 12 de marzo, sería el cambio de mando a nivel local. Aquí, asumió el falangista Renán Fuentealba Moena, el primer intendente desde el retorno a la democracia.

Miguel Sánchez, actual Seremi de Economía, quien posteriormente asumiría como Seremi de Serplac durante el mandato de Fuentealba, fue uno de los que acompañó a la autoridad ese día cuando llegó a la intendencia a eso de las 08:30. “Era un momento importante y tanto Renán como yo lo sabíamos, pero en ninguno de los dos había nerviosismo. Lo que pasa es que teníamos confianza en lo que haríamos, estábamos focalizados en que, sobre todo durante los primeros meses, había que hacer una tarea de estabilización, de romper las desconfianzas que pudiesen haber en la oposición, porque la idea no era trabajar en un clima de tensión. Por eso, ese mismo día recorrimos el lugar y él les habló directamente a los funcionarios diciéndoles que nosotros en ningún caso veníamos con intenciones de negativas hacia ellos”, recuerda.
Sánchez reconoce que en los primeros días luego de asumir, cierto sector de la oposición estaba convencida de que la Concertación venía “a pasar la aplanadora” y con un ánimo revanchista. “Pero Renán, con toda la experiencia que tenía pudo rápidamente revertir eso. Hicimos una gira por todas las comunas donde había alcaldes designados y la desconfianza era latente. Sin embargo, con gran pedagogía política él los convenció de que los desafíos en ese momento eran comunes”, puntualiza.

PIEDRAS EN EL CAMINO

Cierto. Muchos sólo respiraron tranquilos cuando Pinochet entregó la banda presidencial a Patricio Aylwin. Y es que antes de eso todavía existía la preocupación de si, efectivamente, quien aún era el comandante en Jefe del Ejército respetaría la institucionalidad y se iría del cargo. Aquí, en la Región de Coquimbo estuvo presente esa inquietud. Sin embargo, no era lo que más alertaba. Así lo recuerda Luis Moncayo, primer seremi de Gobierno de Fuentealba. “Siempre hubo tensión con respecto a si Pinochet iba a cumplir, eso desde el plebiscito, pero una vez que ya iba pasando el tiempo y se aproximaba el día en que tuvimos que asumir, lo que más inquietaba en la Concertación eran las condiciones en que las distintas reparticiones públicas nos iban a entregar la información. Hubo reparticiones que francamente no entregaron nada, ningún archivo. Yo no sé si esto lo hicieron por negligentes o en forma intencional, para provocarnos alguna dificultad, pero fue un problema”, cuenta Moncayo.

Pero aquel no fue el único inconveniente luego del 11 de marzo. Y es que con las denominadas “Leyes de Amarre”, que había dejado el Gobierno de Pinochet, la designación de la totalidad de los seremis se complicó. Así lo consignaba en declaraciones a El Día el 17 de Marzo de 1990, Edgardo Opazo, quien posteriormente fue seremi de Justicia. “Hubo decretos que fijaron ciertas trabas para el nombramiento”, decía. Sin embargo, el obstáculo pudo ser soslayado. Raúl Godoy, quien por entonces lideraba al Partido Radical, enfatiza en que aquello estaba dentro de lo esperable en el contexto que se vivía. “Ese inconveniente fue uno de los que tuvimos, pero no fue demasiado grande. Yo recuerdo que se solucionó y después las cosas siguieron su curso natural. Las autoridades pudieron ser designadas (…) Mira, si en general yo te diría que las cosas resultaron bastante bien en los primeros años. Insisto, no sin dificultades, pero logramos hacer la tarea con bastante calma”, sostiene Godoy.

LA UNIÓN

La Concertación de Partidos por la Democracia se había creado para apoyar al candidato de oposición el régimen. Aquello era lo que los unía. Por tal motivo, existía una cuota de incertidumbre acerca de qué pasaría una vez recuperada la democracia en una colación integrada por partidos diversos. Sin embargo, según aseguran los protagonistas la cohesión se mantuvo, en buena medida por el rol conciliador que tenía Fuentealba. Así lo destaca Carlos Yusta, quien en 1990 fue designado Gobernador de la Provincia de Elqui. “Habían ciertas inquietudes por lo que pudiese pasar, pero finalmente primó lo que seguíamos teniendo en común, más que las diferencias. Aquí tuvo mucho que ver lo conciliador que fue Renán Fuentealba. Él era un militante democratacristiano, pero cuando se tenía que relacionar con las cúpulas o con sus seremis que tenían distintas orientaciones políticas, nunca hizo diferencia.
Siempre pretendió tener una buena relación con todos. Se encargaba de tener un Gabinete unido”, relata Yusta.

Y esto hay coincidencia. Raúl Godoy, manifiesta que nunca, al menos en los primeros meses después del 11 de marzo, hubo mayores inconvenientes al interior de la Concertación. “A lo más pasó lo que pasa ahora, con la designación de los cargos, pero nada que opacara la unidad, donde el objetivo común continuó siendo restablecer la democracia en Chile”, comenta.
¿Pero esa unión se habría perdido con los años? Para Miguel Sánchez, no. “Lo que pasa es que cambian los contextos políticos. En ese momento teníamos un objetivo en común. Hoy tenemos otro, pero siempre se ha pretendido seguir con la misma unidad que hubo en esos primeros años de Gobierno democrático”, consigna Sánchez.

DESDE LA OTRA VEREDA

Uno de los que por esos años, estuvo en la trinchera de la oposición fue Eugenio Munizaga. El exedil de La Serena y exdiputado por el Séptimo Distrito. Reconoce que en ese tiempo, particularmente en la Región de Coquimbo primó el trabajo efectuado incluso entre la izquierda y la derecha y también valora el rol que en este sentido tuvo Renán Fuentealba. “Yo tengo la mejor impresión de él. Lo respeto mucho como político y en gran media contribuyó a que las fuerzas políticas que en ese momento estaban en lugares diferentes, pudiesen trabajar de buena manera, por el bien de la Región”, recuerda Munizaga.

Pero al exdiputado también lo tocó protagonizar uno de los desencuentros que se produjo a nivel parlamentario en ese momento, días después de la asunción de Aylwin y Fuentealba, cuando se enfrascó en una disputa pública con el también parlamentario de la DC Joaquín Palma, lo que, pese a que tuvo pronta solución, habría puesto en riesgo la estabilidad de ese mes de marzo, cuando el nuevo Gobierno se instalaba. “Lo que pasa es que él (Palma) había hecho declaraciones bastante inadecuadas contra mi persona. Algo que yo no podía dejar pasar. Incluso llegamos a los tribunales de justicia, pero afortunadamente solucionamos esto como caballeros, en una conversación, dándonos la mano”, cuenta.

Adriana Peñafiel, era la alcaldesa de La Serena cuando llegó el gobierno democrático. Si bien reconoce que era un desafío trabajar con una administración que no era de su tendencia, asegura que las relaciones con la Concertación siempre fueron buenas. Sobre todo con dos figuras, el Gobernador de Elqui Carlos Yusta y el intendente. “Ellos fueron personas muy proclives al diálogo. Yo al intendente cuando asumió fui personalmente a saludarlo, le dije que tenía una muy buena impresión de él, y él me dijo lo mismo a mí. De hecho, teníamos una relación muy amistosa. Te cuento como anécdota que en esa época fui presidenta de la agrupación de municipios de la región y él siempre bromeaba con que yo era la presidenta del sindicato de municipalidades”, relata.

FIN DE UNA ERA.

Sí. Así fue el inicio de la transición, una que para muchos aún no termina. Todo tranquilo, según sus protagonistas y al menos en la Región de Coquimbo, con una relativa unidad.

El Presidente Aylwin dejó el poder cuatro años más tarde, el ’94, cuando asumió uno de los suyos, el también democratacristiano, Eduardo Frei.

El intendente Fuentealba, estuvo hasta el 11 de marzo del 2000, siendo sucedido por el falangista Felipe del Río. Para muchos, en la zona a partir de ese momento terminaba una era. “Sin duda que con su salida se acababa algo importante. Pero él puso los cimientos de lo que fue la transición a la democracia en esta región. Además, la tomó siendo una de las más pobres de Chile y la dejó convertida en lo que ahora podemos ver, una zona que avanza y se desarrolla”, indica quien fue seremi de Gobierno de Fuentealba, Luis Moncayo.

Adriana Peñafiel también reconoce que “algo se perdió”. Recuerda con cariño la época en la que le tocó trabajar codo a codo con el exintendente y relata que lo fue a ver en forma personal a su despacho cuando se enteró que dejaría el cargo. “Eran como las seis de la tarde, y me acuerdo haber recorrido la intendencia vacía, buscar puerta por puerta donde estaba su oficina y ahí lo encontré sólo. Vi la soledad del poder”, relata Peñafiel, en alusión al hombre que, al igual en Aylwin a nivel país, hace 25 años, en una semana como la que pasó, iniciaron el camino hacia la transición, la ruta hacia la democracia.
 

 

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