• La imagen corresponde a la última visita efectuada por Ernesto Lejderman a La Serena, en enero del 2018.
  • Ernesto Lejderman, al centro, junto a sus padres, el argentino Bernardo Mario Lejderman y la mexicana María del Rosario Ávalos.
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El ciudadano argentino de 47 años, hijo del matrimonio asesinado por un batallón del Regimiento Arica al interior de Vicuña en 1973, conversó en exclusiva con diario El Día. En medio de los procesos judiciales que enfrenta el excomandante en jefe del Ejército, no descarta que el caso de sus padres (que hoy es revisado por la Corte Interamericana de Derechos Humanos) pueda reabrirse, ya que en las nuevas investigaciones se habría confirmado que siendo la mano derecha de Ariosoto Lapostol, sabía todo lo que sucedía en el recinto castrense.

Ha visto con atención lo que sucede con Juan Emilio Cheyre en Chile. Desde Argentina, Ernesto Lejderman, hijo del matrimonio que perdió la vida fusilado por un contingente militar del Regimiento Arica en 1973, y que luego fue entregado con tan sólo con dos años y medio al convento Casa de La Providencia por el propio excomandante en Jefe del Ejército, siente que los procesos judiciales, “al fin están dando frutos”, no tan rápido como a él le hubiese gustado, “pero dando la señal de que se avanza por el camino correcto”, aunque, ciertamente, todavía con algunos “temores naturales” debido al poder que siguen teniendo quienes están procesados.

“Me da bronca todo lo que pasó, pero  yo he hecho un trabajo psicológico y siquiátrico muy fuerte, he puesto paños fríos, y pude entender gracias a los profesionales que me han ayudado, que no me conduce a nada positivo el tener odio”.

Si bien el caso de sus padres -Bernardo y María del Rosario-, ya está cerrado y sólo se condenó a tres militares a cinco años y un día, no pierde la esperanza de que se reabra, ya que pese a que no guarda ningún rencor, ve necesario que existan responsabilidades y sanciones acorde a los crímenes que se cometieron y está convencido de que tanto Cheyre como Ariosto Lapostol, los más altos mandos del recinto castrense por esos años, sabían perfectamente lo que estaba pasando.

“Yo le dije a él en su cara todo lo que tenía que decirle, que dijera le verdad al pueblo de Chile y que dejara de ocultar cosas, que era su gran oportunidad. Creo que él ahí podía haber hablado, pero el tapó, negó, ocultó todo”.

-¿Qué sensación le produce lo que se vive en Chile con Juan Emilio Cheyre, quien se encuentra en una compleja situación judicial?

“No me produce ninguna sensación, porque yo no le deseo ni a Cheyre ni a nadie algo malo. No tengo deseos de que vaya preso ni esas cosas, lo que sí me interesa es que haya justicia, y si las pruebas determinan que es responsable por estas torturas tiene que haber una sanción y acá se torturó a mucha gente. Los que están muertos, estoy seguro que también fueron torturados, pero el problema es que no pueden hablar, porque las torturas eran para sacar información, entonces me parece importante que se diga que las personas que fueron asesinadas también sufrieron torturas”.

-¿No le guarda rencor a Juan Emilio Cheyre?

“No, ni a él, ni a ningún militar. Me da bronca todo lo que pasó, pero  yo he hecho un trabajo psicológico y siquiátrico muy fuerte, he puesto paños fríos, y pude entender gracias a los profesionales que me han ayudado, que no me conduce a nada positivo el tener odio”.

-¿Siente que tiene superado lo que pasó?

“No sé si superado, porque uno nunca termina de superar algo así, pero hace 40 años que vengo procesando esta situación. Cuando cumplí los 30 años de edad el 2001, pude empezar a procesar más aceleradamente y recién cuando hice el funeral de mi padre pude entender toda esta situación en una mayor dimensión, y entendí que si tengo bronca, que la tengo, y mucha, la tengo que canalizar en un sentimiento positivo, y ese sentimiento positivo es que haya una sanción a los que cometieron delitos, una sanción de verdad que tenga relación con los crímenes cometidos, para que esto no pase en un futuro. Se necesitan sanciones ejemplares, para toda la sociedad, para todos los militares que vengan en el futuro”.

Protegido de la verdad

Lejderman creció sin conocer la verdad. Tras permanecer en el convento de La Serena por tres meses bajo el cuidado de la monja María Cecilia Ibarra, desde el gobierno argentino presionaron para recuperar al pequeño, y los militares chilenos le indicaron al cónsul trasandino dónde se encontraba, siendo entregado a sus abuelos en Buenos Aires.

Pero no le contaron la historia tal cual sucedió. Sus familiares, pensaron que lo mejor era decirle que sus padres habían tenido un accidente automovilístico, algo que Lejderman creyó “siempre a medias”. De hecho, corroboró que sus dudas siempre fueron fundadas cuando era un adolescente y encontró un cuaderno con fotografías y recortes de diarios que contaban toda la verdad.

-¿Cómo sobrellevó lo que le ocurrió siendo un niño?

“Bueno, yo fui un sobreviviente, porque las balas me pasaron muy cerca cuando mis padres fueron fusilados. Salvé de suerte. Por lo que me cuentan las monjitas, gritaba por las noches y con casi tres años cuando veía un carabinero decía: ‘pacos matan’, ‘pacos matan’, desesperadamente gritaba. Entonces era muy consciente de lo que pasaba. Aunque con los años, ya viviendo con mis abuelos me inventaron el cuentito de que mis padres habían muerto en un accidente de tránsito, y bueno, yo crecí toda mi infancia, hasta mi adolescencia con ese cuentito, pero yo no me lo creía”.

-¿Y en qué momento descubrió la verdad?

“Cuando tenía 13 años encontré, revisándole un cuaderno a mi abuelo, un recorte de prensa que decía ‘otro argentino asesinado en Chile’. Esto era de un diario argentino, y en esa noticia se decía que mi mamá estaba viva. Entonces lo que me pasó fue, primero, ponerme muy mal porque recordé todo, pero segundo, tuve la esperanza de que mi mamá estuviera viva. Fueron sensaciones muy raras, porque en el fondo yo sabía que a mi mamá también la habían asesinada. Toda mi adolescencia lo pasé muy mal, y recién a los 30 años de edad comencé a hacerme un tratamiento para poder estar mejor”.

-¿Cuándo decide volver a Chile?

“A los 22 años, me invitó un amigo de mi papá que había retornado a Chile desde México, me llamó porque me quería conocer y ahí me cuenta toda la historia de quiénes fueron mis padres, y de lo que había pasado. Ahí yo comienzo una relación con los amigos de mis padres y empecé a viajar a Chile más seguido. Te estoy hablando del año 1992”.

El cara a cara

En el año 2013, el programa El Informante de Televisión Nacional de Chile, fue el escenario del reencuentro entre Juan Emilio Cheyre y Ernesto Lejderman. El argentino recuerda este episodio con ambigüedad respecto a cómo el general en retiro se planteó frente a él, porque según dice,  se encontró con un Cheyre en un total estado de negación “queriendo defender lo indefendible”.

-¿Qué recuerdo tiene de ese episodio?

“Es una sensación extraña. Yo le dije a él en su cara todo lo que tenía que decirle, que dijera le verdad al pueblo de Chile y que dejara de ocultar cosas, que era su gran oportunidad. Creo que él ahí podía haber hablado, pero el tapó, negó, ocultó todo. A mí me parece que defraudó no sólo a mí, sino que a una parte de la sociedad chilena que le creía”.

-¿Él ha ido cambiando su versión durante el tiempo?

“Sí, en varias situaciones. No sólo en relación a la historia de mis padres, sino que en otros casos ha contado una cosa ante la justicia, otra ante los medios, entonces no ha sido lineal en su relato. Pero a mí no me preocupa eso, porque por suerte la justicia ha ido avanzando, pese a que Cheyre tiene mucho poder todavía. Esto de cuenta que los jueces han madurado, son más serios, y yo le voy a decir algo, yo no quiero una justicia para mí, ni para las víctimas de los Derechos Humanos, yo quiero una justicia imparcial, para todo Chile, que no tengan miramiento si es que es poderoso o no es poderoso el que comete el ilícito”.

-¿Cree que hay círculos de poder que todavía protegen a Cheyre?

“Evidentemente que sí, estos círculos de poder le permitieron a Cheyre que los juicios en su contra empezaran muy tarde, porque ya en el año 2000 habían testimonios en su contra. Ahora bien, ya hubo una sanción contra Cheyre de tres años y un día (por el caso Caravana de la Muerte), o sea fue sancionado y condenado pese a tener vínculos con el poder. Creo que la justicia en Chile ha entendido que los crímenes de lesa humanidad no son cualquier cosa y que deben ser atendidos prioritariamente. Lo que pasa es que nosotros los familiares expresamos que las sanciones son muy bajas y es verdad, pero yo espero que la justicia vaya mejorando más y que sean consecuentes con los crímenes cometidos”.

-En el caso del fusilamiento de sus padres, ¿el caso está cerrado?, ¿hay algún tipo de apelación en curso?

“Yo agoté las instancias de apelación, hubo sólo una sanción de 5 años y un día a muy poquitos militares. Yo quedé disconforme con esta sentencia y disconforme con que Ariosto Lapostol, comandante del Regimiento Arica haya quedado libre, absuelto, siendo que él era el principal acusado porque fue quien dio la orden de matar a mis padres. Entonces, con mi abogado apelamos a la Corte Interamericana de Derechos Humanos, a ver si existe una posibilidad de revisión del caso”.

-¿Y existen plazos para que esta Corte resuelva?

“No, porque es una Corte que recibe miles de casos, son pocos funcionarios, entonces es lento. Pero yo, conforme pasan los años entiendo dos cosas, primero que esta es una razón de mi vida, algo que me mantiene vivo es pedir justicia, y segundo, que no pido justicia sólo por mis padres, pido justicia por todos los familiares de las víctimas de la dictadura”.

-¿Cree que la coyuntura actual de Cheyre y otros oficiales en retiro, podrían favorecer a que se reabra el caso de sus padres?

“Puede ser. Todo puede ser, lo que sí confirma es que en su momento, Cheyre, como comandante en jefe del Ejército, le mandó una carta al juez en donde le afirmaba y le juraba que en el Regimiento Arica nunca hubo violaciones a los Derechos Humanos, y que Ariosto Lapostol se había ajustado a derecho sin cometer ningún crimen. Evidentemente esa carta que envió Cheyre al juez que investigaba el caso de mis padres, tuvo su peso en su momento, pero ahora Lapostol está condenado, Cheyre también y todo eso que él decía se cayó y eso da cuenta que en el caso de mis padres ellos también tenían responsabilidad”.

-¿Cree que Cheyre también debe asumir una responsabilidad penal en el caso de sus padres?

“Eso se lo voy a dejar a los jueces, pero lo que yo sí sé es que él siempre supo todo lo del fusilamiento de mis padres y eso lo volverá a plantear mi abogado en su momento, y lo deberá decidir un juez. Pero yo le repito, no sólo pido justicia para mí, pido una justicia objetiva donde haya condenas y sanciones acorde con los crímenes. En el caso de mis padres le dieron una pena nada más de cinco años, y sólo a tres militares, en un batallón donde había más de 20. A mí me parece que para un crimen tan terrible, es muy poco”. 4601iR

Cheyre y su inocencia

Cabe señalar que Juan Emilio Cheyre ha sostenido que nunca supo del fusilamiento del matrimonio en el Valle de Elqui, y que la versión que a él le entregaron era que ellos mismos se habían dinamitado, quitándose la vida.

En  diferentes entrevistas ha referido que su participación en estos hechos se limita a la entrega del bebé (Ernesto Lejderman) a las monjas del convento Casa de la Providencia en La Serena, para que se quedaran al cuidado del menor. Incluso, en el programa El Informante de TVN, en donde estuvo frente a frente con Lejderman, insistió en que hacerse cargo del bebé tras la muerte de sus padres había sido uno de los hechos que más lo marcaron en su vida, pero sólo obedeció órdenes y siempre creyó la versión oficial.

 

 

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